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La traición del diseñador gráfico


¿De quién es la culpa de que los sueldos

de los diseñadores gráficos sean tan bajos?

Cursaba el segundo año de la carrera de Diseño Gráfico en la Universidad cuando decidí meterme a la web e investigar cómo se desarrollaba la oferta de puestos en mi profesión. Al poco de andar noté —con una ingrata sensación— que el común de las ofertas buscaba a aquel superdotado profesional recién egresado, con conocimientos casi expertos en todas las plataformas digitales, manejo al revés y al derecho de los sistemas de impresión, manejo de clientes, bilingüe, creativo, tolerancia casi robótica a la presión, simpático, responsable y por sobre todas las aptitudes ya dichas... ¡que cobre barato!

Mi ilusión acerca de la profesión no se vio tan afectada gracias a que mi convicción acerca de la idea de que esta fea práctica era sólo parte del inicio de la actividad y que con los años ya no sucedería. Así fue como egresé y comenzó mi búsqueda por aquel trabajo soñado donde haría lo que más amo.

Trabajé meses por una miseria de sueldo bajo la excusa de estar aprendiendo y que prácticamente me estaban haciendo un favor, cuando un día desperté y comenzó ese bichito del cuestionamiento a atacar mi conciencia; y comencé preguntarme de quién es la culpa o quiénes son los responsables de la situación. Se me iluminó la mollera y casi grité: ¡que tonto fui, la culpa es nuestra!

Claro... la culpa es nuestra, ya que la mayoría de los profesionales del Diseño y la Publicidad en algún momento de nuestra vida laboral iniciaremos la independencia económica de nuestro empleador y comenzaremos nuestro negocio propio (agencia, estudio, etc.). Seremos diseñadores semi-exitosos y necesitaremos contratar a otros diseñadores de menos experiencia (tal como lo fuimos nosotros) para realizar las labores que nosotros mismos realizamos alguna vez y traspasar los conocimientos adquiridos a través de la carga exagerada de trabajo.

Aquí se manifiesta el momento culmine de la traición: este diseñador jefe ofrecerá trabajo a sus colegas esperanzado en que el rubro está tan fiero, que no le será difícil contratar a un muchacho con enormes ganas de demostrar que es bueno en el tema. Seleccionará cinco de la lista, los citará a una entrevista, les venderá un cuento de que la agencia es casi una multinacional, casi les prometerá ser ascendidos en pocos meses y que los clientes vendrán en persona a felicitarlos por cada pieza diseñada. Todo esto ¡por un sueldo misero!, un nivel de stress enorme, salidas a altas horas de la noche de la jornada laboral (cuya única recompensa es un sandwich y una bebida) y una insatisfacción constante.

Me pregunto, ¿por qué el mismo diseñador que tanto sufrió en sus primeros años por migajas (sabiendo que su empleador ganaba millones) hará lo mismo con sus colegas novicios? ¿Será una especie de prueba?, ¿una tranca psicológica que lo empuja a vengarse?, ¿creerá que es la mejor forma de profesionalizarse en el rubro o, lisa y llanamente, habrá mutado con la llegada del dinero y se habrá transformado en lo que por años criticó y llegó a odiar?

Sinceramente, me inclino por la última teoría.

El autor es: Diseñador gráfico, profesional,

especialista en Branding, con 9 años de trayectoria en Santiago de Chile.

Artículo extraído de Foro Alfa

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